REPORTAJE APOÓCRIFO A EWA LIPSKA*
Texto y traducciones de poemas de Bárbara Gill
Periodista-¿Quién es hoy Ewa Lipska?
“Ewa Lipska” -Creo que una persona consciente del mundo en que vive. Soy YO:
Yo.
Numerológica unidad.
Amiga de los jardineros y
pintores
que oculta los recuerdos
en el depósito
de armas de fuego
vuelvo a la salida.
Es el año 2003.
Detrás de la pared
el reality show.
La desmesura de la nada.
El neurótico perfume
de la albahaca.
En el vestíbulo descuelgo
el bote salvavidas.
Christoph P.
fotógrafo fotosensible
me saca una foto.
-¿Qué fue lo más fascinante desde 1945, año en que nació?
-Los acontecimientos inesperados, las personas que se cruzaron en mi camino, los viajes. Pero también las experiencias amargas, como por ejemplo la enfermedad, que aumentaron mi coraje y fueron lecciones de vida. Son fascinantes los momentos en los cuales no somos capaces de prever, cuando nos encontramos con alguien y nos parece que lo conocemos de toda la vida, o incluso más todavía, cuando tocamos situaciones extremas, cuando nos asombra un paisaje.
-¿Ha pagado un alto precio por todo eso?
-Eso no se puede cuantificar. Jamás soñé con una vida de riqueza. En la vida siempre hay “algo a cambio de algo”, pero hay que saber distinguir sus colores, sencillamente hay que quererlos. Si tropezamos con dificultades, con los consabidos escalones, entonces debemos recordar que estando en la cima somos parte de los afortunados que ven más.
- Y usted, por su experiencia, les advierte:
Cuidado con el escalón
Ustedes
que me escriben cartas
arqueros desvergonzadamente jóvenes
que tensan los músculos de las palabras
¿ven la perfecta coreografía del vacío?
Y cuando ese espacio ya
les entre en la sangre.
Y cuando esa planicie
lisa como una rebanada de hielo
les entre en la sangre.
Y cuando esa facilidad par de la vida
les entre en la sangre.
Cuidado con el escalón
Habrá un violento cambio de dirección.
Y cuando alcancen la meta
sólo seguirá caminando
la dirección.
-Es difícil de creer que usted directamente exista. Que tenga una casa, en la que estamos ahora y comemos pavo con toda la tranquilidad del mundo.
-¿Por qué “es difícil de creer?
-Porque casi todos dicen que Ewa Lipska es un fantasma, que es “no hay persona más desaparecedora” que usted.
-Es cierto, pase´mucho tiempo fuera del país, viajo con frecuencia, además de que me gusta la soledad y me gusta encontrarme conmigo misma. Pero tampoco huyo de los amigos y conocidos.
-Y de sus viajes vuelve con estampas, con imágenes
Changadores
Changadores. Bajo mi observación
constante.
Camino detrás de ellos borrando
las huellas.
Siguiendo el rastro
de sus largos dedos encriptados.
Mortales capotes de lana
con botones metálicos
emisor-receptor.
Aspiro su aroma sin hogar.
Admiro su adicción a cargar.
Justamente pasan al otro lado
de mis cinco decenas de cinco.
A veces se detienen a contramano.
Ni siquiera oyen
el verso enronquecido
que sale del megáfono de la valija.
Quizá su cualidad de “no aparecer” se relacione con que ha sufrido la amenaza de una enfermedad grave…
-En mi primera juventud luché contra una enfermedad grave. Pero ahora, después de tantos años recuerdo cálidamente esos momentos difíciles. Comenazaba a estudiar en la Academia de Bellas Artes, comenzaba a vivir por mi cuenta, vivía mi primer amor, escribía versitos y una novela espantosa.
-¿Fue a causa de esa enfermedad que surgió la tragicidad, el pesimismo de su poesía? Los críticos lo mencionan con frecuencia… ¡y hay pruebas de sobra!
Dios ruega
No usarlo como referencia. No comerciarlo.
No colgar gracias en los puestos partidarios.
No usar la coartada “Gott mit uns”
para crímenes impíos.
No celebrar el mal
bajo su patronato.
No invocar en vano
“la adoración de los pastores”.
No empujar. No malgastar.
No quemarse en la hoguera.
Del ojo carbonizado
brotó una lágrima.
Puede que les suceda
“oh, míseros mortales”,
que se conviertan
a su segundo pecado.
-Es probable que sea algo sombría, pero también hay un notorio trasfondo de humor, mucho más ácido que la ironía amable de Szymborska, pero humor al fin.. No me gusta dividir la literatura en optimista y pesimista porque eso carece de significado. La cuestión es si el libro que leemos nos resulta cercano, si nos intriga, nos obliga a pensar. Seguramente en esa época era una especie de psicoterapia, pero el arte suele cumplir esa función. Gracias a esa experiencia consumía la vida de otra manera, con más intensidad, con más plenitud. Estaba –y estoy:
Aquí
Aquí mataron a mi esposa.
Aquí nació el Querubín.
Aquí asesinaron al Querubín.
Aquí espero a nada más.
Aquí la nieve que se funde.
Aquí la lengua de Goethe ceniza y polvo.
Aquí nadie vuelve cuando la vida continúa.
Aquí el tiempo encadenado
esposado al destino.
Gracias, no como mandarinas.
- El Día de los Vivos
En el Día de los Vivos
los muertos van a sus tumbas
encienden neones
y trasplantan los crisantemos de las antenas
sobre los techos de sus bóvedas
con calefacción central.
Después
bajan en ascensores
a su trabajo cotidiano:
la muerte.
-Cuando desaparece el peligro de la enfermedad y ya somos un poco mayores, entonces nos asalta la consciencia del transcurrir y acercarnos lentamente a la “meta”. Cambian los colores, es como si nuestras fotos color comenzaran a virar al sepia. Es como si lo más importanate comenzara a ser la arena que se escurre hacia la parte inferior de la clepsidra. Escuchamos cada vez mejor su crujido.
***llegamos hasta acá…
Llegamos hasta acá. Aquí se desataron el fin y el principio. Las traducciones de Homero.
sentados en la orilla hojeamos el ahora.
Nadie navega hacia nosotros. Océanos vacíos.
Vacío violento. A lo mejor ya es agosto.
Quizá miedo. Jugado hábilmente por nosotros.
Me siento como si ya fuera demasiado tarde.
A lo mejor es agosto. Pero acá no hay árboles
y agosto siempre madura en los árboles.
Nadie llega navegando. Broma homérica
Y el viento nos adivina el futuro como con naipes.
Nadie llega navegando.
-¿Comenzar a escribir de algún modo estuvo relacionado con esa vivencia, con la enfermedad? Porque eso parece desprenderse de:
No me salvó la inundación,
a pesar de estar ya en el fondo.
No me salvó el incendio,
a pesar de que ardí durante años.
No me salvaron los accidentes,
a pesar de que me aplastaron automóviles y trenes.
No me salvaron los aviones,
a pesar de que explotaron conmigo en el aire.
Se derrumbaban encima de mí
los muros de las grandes ciudades.
No me salvaron los hongos venenosos.
Ni los disparos certeros de pelotones de fusilamiento.
No me salvó el fin del mundo
porque no tuvo tiempo.
Nada me salvó.
VIVO.
-No, comencé a escribir antes, en la escuela media. Gané un concurso; no fue difícil ya que fui la única que se presentó. Por ese entonces escribía novelas: “Redes enredadas”, “El prematuro”. “Redes enredadas” lo escribí mientras leía “El viejo y el mar”, de Hemingway. Mi novela también transcurría en el mar, que jamás había visto. Era una rebelde. Leía a Sartre y me sentía “condenada a la libertad”. Después resultó que no era la libertad de nuestros sueños. Nos sentíamos una generación sin biografía, aunque la Historia nos demostró rápidamente que sí la teníamos. Por ese entonces escribí mi poema “Nosotros”.
-Nosotros
Nosotros- la generación posterior a la guerra abierta de par en par-
En el estado de pleno confort de su cuerpo
Leemos a Sartre y las guías telefónicas.
Analizamos con cuidados cualquier temblor de la tierra.
Nosotros. La generación posterior a la guerra que crece en tranquilas macetas.
Salida de inobjetables cálculos estadísticos.
Sufriendo insomnio y parecido a la mariposa nocturna.
Llamada a la concentración sobre.
A nuestra puerta conduce una puerta oxidada.
Escaleras que sobrevivieron a un criador de canarios.
Una catarata de pasos. Un funeral con orquestra. Y el grito de ollas rotas.
Descendemos lentamente. Muy lentamente. Con la seriedad del árbol.
A lo mejor son las siete de la mañana. El día madura con demasiada exactitud.
Y a veces toma el sabor de la manzana que se pudre.
La gente más diversa sale con violencia.
De las escaleras. De los portales, De los hoteles.De las bocas. De aquí y allá.
Internos del mundo enajenados hasta los codos.
Maldicen. Se detienen pagados en los estacionamientos.
“E.L”.- Nosotros envidiamos
a los que con botas altas
pasaron por la guerra.
Envidiamos
la noche repartida ahorrativamente de a pedacitos
entre los cascos exhaustos.
Los disparos como fuegos artificiales levantados hacia las bocas.
Las vulgares emociones de una salvación repentina.
De aquel mundo
sacaban el miedo en carretillas
y barrían las balas.
Aunque en los rostros todavía
no se había enfriado el temblor
se pegaron los escombros con la diana y la liberación
y los muros heridos se ponían de pie ante el himno.
En los portales las mujeres parían niños:
a nosotros. Qué celebrados. Convocados aún antes del amanecer.
Inmunes al cuerpo. Sacudidos por el chirrido de las armas.
Con nuestro nacimiento se honró a los muertos.
Pero la memoria baleada la cargamos
nosotros.
Por ese entonces también supe que con la ayuda de las palabras podría decir algo más que pintando un cuadro.
-¿Ahora ya no pinta?
-Para fortuna de la pintura polaca, no.
-Pero pinta cuadros en poemas como
El examen
El examen por concurso para elegir al rey
resultó perfecto.
Se presentó cierta cantidad de reyes
y un candidato a rey.
Fue elegido rey cierto rey
que debía ser el rey.
Recibió puntos adicionales por el origen
por la educación espartana
y por la sonrisa
que redujo a todos los brazos.
Rindió historia
con un magnífico sentido del silencio.
El idioma obligatorio
resultó el propio.
Cuando habló de arte
arrebató los corazones de la comisión.
A uno de los miembros de la comisión
lo arrebató un tantito demasiado.
Sí
con toda seguridad
era el rey.
El presidente de la comisión
corrió a buscar al pueblo
para entregárselo al rey
con toda solemnidad.
El pueblo
estaba repujado
en
piel.
Me da la impresión de que alguien que ha nacido y vive en Cracovia, la capital cultural de Polonia, no tiene más remedio que escribir.
-Es un mito, desde luego. Es cierto que aquí viven los premios Nobel (es una pena que Milosz ya no esté en la vida), que llegan poetas de otros países, que hay una tradición, un clima, etc., etc. Se organizan encuentros, festivales, simposios. Pero la Cracovia de mi juventud era el Círculo de Jóvenes dirigido por el poeta Adam Wlodek, los unipersonales, Kantor y su teatro Cricot 2; eran las exposiciones del Grupo de Cracovia. Recuerdo nuestras ásperas discusiones sobre los libros que leíamos. No había computadoras, no todos tenían un televisor, pero teníamos grandes bibliotecas. De esa época recuerdo a críticos literarios interesantes. Pero quiero decir que hay ambientes creativos igualmente magníficos en Silesia, en Breslau, Szczecin y Gdañsk, y en una gran cantidad de magníficas ciudades pequeñas.
-Los psicólogos ahora hablan de la desaparición del conflicto intergeneracional…
-Me cuesta creerlo. Quizá en mi juventud la realidad era más evidente y nos obligaba a rebelarnos, a buscar caminos nuevos. La uniformidad actual puede conducir a que todos “vistamos” nuestros poemas en “C & A” o esperemos que todo sea espectáculo, parte de sucesivas modas.
El grito de la moda
Morimos con belleza creciente
con la colección de Gianni Versace.
La elegancia es el pichón de la estética.
Corremos por los templos de la moda
creyendo que el naranja nos sentará bien.
Me besás en el probador
mirá, en verde es directamente la caída de Roma.
Resolvemos los acertijos de nuestros arquetipos.
Traducimos las boinas a lenguas extranjeras.
A la noche estamos invitados
al vernisage del Juicio Final.
Entramos sin boletos.
Hoy es día de acceso muerto.
Pero yo creo en la rebeldía de las generaciones y conozco personas que escapan de sus casas, tal como lo hice yo. Desde luego que es una rebeldía simbólica.
-¿Usted se fue de su casa antes de terminar el secundario?
-Después de terminarlo. Cuando cumplí los dieciocho. Quería ser responsble por mí misma.
-Primer libro en 1967, el segundo en el 70, el tercero en el 72. Después: 74, 78, 79… Usted publicó libros con gran regularidad y frecuencia. ¿A veces no padece crisis o sufrimiento porque los poemas no vienen a usted?
-Incluso cuando paso meses en los que no escribo, eso no significa nada para mí. No pienso en eso. ¿Quizá ya no escriba nada más? “No se es poeta, se suele ser poeta”, como dijo algún sabio. Me preocuparía más la “superproductividad” poética. El silencio puede deberse a muchas causas…
El silencio
Mi temor no es más pequeño que Europa. Y la puerta vuelta de espaldas en el temor. Y en el temor estoy parada de espaldas. Y cae una lluvia impermeable. Y el silencio inmóvil entre nosotras en el segundo piso del edificio. Por tu cara mi cara la lluvia se muda a gotas del segundo piso del edificio y arrastra un poquitín de burla. Así estabas parada en la noche. Y yo estaba parada. Y el silencio estaba inmóvil entre nosotras. Te leo con oquedad creciente. Alguien espera este momento en particular como a la boda o al tren. Ahora el confort es cada vez más difícil: tener vecinos amigos familia. Llena de silencio está inmóvil entre nosotras y no cree en la culpa de nadie.
-¿Pero la escritura es alegría?
-Acostumbro repetir que la escritura es “la anécdota más seria” de mi vida. Y hay algo de eso. No lo llamaría “alegría”, porque el proceso creador es difícil y con frecuencia ingrato. A veces estamos condenados –como dice Wislawa Szymborska”- a “versos pesados”. Una tarea agradable es hacer notas, bosquejos. Es como repasar las cuerdas de un violín. Y luego hay que convertirlo en melodía o en un concierto entero.
-¿Cuándo se le ocurren las ideas para esas primeras notas?
-Cuando menos lo espero. Por ejemplo en el tranvía. Por eso es bueno tener siempre a mano el “arma”, o sea, el lápiz. Se puede anotar incluso sobre el boleto, pero yo siempre tengo algunas hojas o una libretita. Las iluminaciones nocturnas son las menos prácticas, porque entonces una no tiene ganas de salir de la cama. Por supuesto que la idea que no se recuerda nos parece genial, pero suele suceder que escrita en la madrugada desenmascara su banalidad. A lo mejor habría que hacer notas sobre la pared, como lo hacía Gerhart Hauptmann.
-Un proceso que ajeno a la razón…
La razón
Sin error
en confundir conceptos
en pruebas irrefutables
que se contradicen.
En compases
desconcertados
Tenés cada vez menos
leucocitos de luz.
¿Y editar un libro le da alegría?
-La alegría espontánea acompañó mis primeros volúmenes, cuando tenía diecinueve, veinte años y cada publicación era importante. El poema impreso en el diario adquiría otra dimensión, era como más sabio, profundo que en la copia a máquina, para no hablar del manuscrito. Por supuesto que yo compraba varios ejemplares del diario y me daba importancia ante la familia. Pero con la edad todo cambia. Publico en diarios a desgana, me resulta más importante el libro, porque de alguna manera cierra algo, una etapa, un período de mi vida. En relación con mis poemas impresos me comporto como una madre desnaturalizada que abandona a sus hijos. Y de inmediato comienzo a pensar en los nuevos, los mejores, porque todavía no están escritos. Por eso preparo los libros con tanta dificultad, porque entonces de nuevo tengo que leer mis poemas “menores de edad”.
-¿Les tiene miedo a los críticos, la decepciona que no le aporten gran cosa?
-¡Oh, no, miedo no! Y no necesito que me aporten. Siento que a veces el autor es un pretexto para expresar los puntos de vista o la filosofía del crítico. A veces el autor se sorprende al enterarse cuál fue la influencia filosófica de sus poemas. Yo ya leí sobre la influencia de Heidegger y Tomás de Aquino. Fue en los tiempos en que todavía no me dedicaba a leer obras de filosofía. Tampoco es bueno que el crítico sea un escritor al que no le ha ido bien.
La casa
Mi casa está sin puertas ni ventanas
a veces incluso cerca del anochecer.
Entonces compro la llave del ascensor
y comienzo a viajar por la casa.
Conozco esas estaciones. Viajo desde hace un año.
En el ilegible primer piso
murió un sabio por exceso de pensamiento.
Alzó mucho el cuello del sobretodo.
En el ilegible primer piso.
El pensamiento me amenaza. Retrocedo los brazos
con una fluidez digna de Heráclito.
Mi casa navega sin puertas ni ventanas.
Mi casa navega a la última estación.
De nuevo me esperás como hace un año.
La casa se derrumba. Y sólo quedan
nuestros cuerpos
seguros como un hexámetro.
-¿Usted escribe sobre la poesía de otros?
-No. A veces converso con autores jóvenes, pero entonces soy más lectora que crítica.
-¿Cuál es la mayor alegría del poeta?
-Los poemas que se tornan cercanos a los lectores, los encuentros de autor con la juventud, también en “lengua extranjera”, que son una experiencia absolutamente distinta. Recuerdo tales encuentros en Dinamarca, en Austria, en Inglaterra. Me dan alegría las cartas que recibo de jóvenes que disfrutan mi “alegre creatividad”.
-¿Le muestran sus textos y le piden que los evalúe?
-Desde luego, tal como lo hicimos nosotros, ahora son ellos los que buscan la aprobación de sus colegas mayores. Necesitan dialogar, con frecuencia están perdidos en este mundo complejo. En nuestros tiempos todo parecía más simple: “nosotros-ellos”, “negro-blanco”. Hoy en día hay más matices, las elecciones son más complicadas.
-Algo opuesto
Deletreemos una vez más. Vos y yo.
Z como un ángel zurdo
a nuestra derecha. Pulidor del azur.
C como un cazador desconcertado
con la filología. Parada bosque.
Indeclinable final de oración.
L como: Todo lo que nos ha sucedido
es algo opuesto.
A vos y a mí.
Alguna vez se acercó a Julia Hartwig una joven y le agradeció un poema sobre los ancianos que continuamente piden perdón. Porque su padre también no dejaba de pedir perdón…
- En algún momento conocí a varios jóvenes a quienes habían unido mis poemas. Se habían conocido por internet, luego se habían encontrado e iban juntos a mis encuentros en Cracovia… Me daba alegría verlos. Espero que esa relación siga. A veces recibo invitaciones a bodas, o bautismos, a distintas cosas. Es como una influencia sobre el destino de alguien. La poesía da coraje para hablar, aún en un mundo que yo veo difícil
EL NÚMERO UNO
Bueno, y qué,
que nuestro planeta
sea ahora una reservación.
La luna haya sido
inscripta en el libro
eterno.
El sol consignado
en un acta notarial.
Las ciudades numeradas,
endeudadas las calles.
Destino multinumeral.
Nuevas guerras
aseguradas
sobre la inmovilidad
del Decálogo.
Vertiginosas cantidades
de esperanza
en licitaciones
públicas.
Bueno, y qué,
cuando el amor,
ramita ligera movida por
el viento
es siempre el Número Uno
y se inclina
hacia nuestro lado.
-¿Cómo funciona la poesía? ¿Por qué abre a los lectores hacia el autor?
-Es una cuestión individual. Depende del lector y su preparación intelectual, sus lecturas, su imaginación. A veces apreciamos a algún autor, pero no lo queremos. Siempre habrá quien prefiera el pescado y otro sea vegetariano. El hecho de que apreciemos a un autor y no a otro resulta de la identificación de las ideas. “Sí, escribió lo que yo siento”, dice el lector que no puede formularlo por sí mismo. Por eso a veces logramos vivenciar la literatura, la pintura, la música. “No soy capaz de encontrar ninguna diferencia entre la música y las lágrimas”, escribía Friedrich Nietzsche y en eso consiste el misterio. El misterio de vivenciar. Me reencuentro con ese espíritu en las salas de concierto. Algo así sucede en el amor. Sabemos que existe, pero de verdad no podemos definirlo. Por suerte no hay necesidad de hacerlo. Sólo sabemos que nos crecen alas y nos elevamos en el aire. El poeta busca dos, tres, algunas palabras para describir esa emoción, el caos y la armonía.
-O simplemente la vida común, sin aspiraciones:
Propiedad privada
Cuál de nosotros todavía
recuerda el viaje a Italia.
Fuimos alojados
en el Teatro alla Scala.
En la garganta misma de la ópera.
Con vista al genio.
Nos clavábamos las miradas
cortando el aire con los ojos.
A tu soprano espressivo
de inmediato
contestaba mi tenor.
Ahora callamos con obstinación
en el plato enmohecido
a pesar de que no
tenemos motivos de queja.
Pagamos las deudas. Terminamos de edificar la casa.
La muerte ya pasó a ser de nuestra propiedad.
¿Le resulta importante la amistad de otros poetas?
-Me resulta importante la amistad. No sólo con los poetas sino con las personas con las que me une algo. Tenemos algo para decirnos o callarnos. Para los escritores es importante el espacio de la soledad, sobre todo cuando trabajan. Pero concurrimos a amables encuentros sociales, condimentados con sabrosas cenas. Sin embargo…
Durante las Fiestas
Durante las Fiestas
por fin
se puede desconectar el teléfono.
Si Dios nace
me avisará la vecina.
Miro Casblanca
con el mismo
apetito de siempre
para la digresión.
Me divierto con la soledad.
Agregando leche caliente con miel.
El sexto dedo de mi mano
tipea las letras.
No escribiré nada más.
El resto de la noche
es intangible.
-¿Ni siquiera Wislawa Szymborska tendría que ser poeta para ser su amiga?
-No sé´si sabrá que con Wislawa nos conocemos desde hace cuarenta años. Hace poco lo recordamos. Todavía recuerdo a la nana de Wislawa y a su hermana, en cuya casa pasábamos las fiestas. Solíamos viajar con nuestros caballeros, que ya no viven, a pescar a diferentes ríos. Los señores se alejaban con sus cañas y nosotras preparábamos el fuego. Wislawa juntaba leña y yo corría a buscar agua. Aunque no eran tiempos muy alegres, nos dejaron abundantes anécdotas. Kornel y Wislawa coleccionaban cosas raras con las que nos divertíamos. En ese mismo tiempo editábamos libros clandestinos. Todos vivíamos más cerca unos de otros, porque así eran los tiempos y así eran nuestras necesidades.
-Usted ha sido finalista de los premios Nike, los más importantes de Polonia, ¿qué ha significado eso para usted?
-El arte no es una competencia deportiva y me es ajena la situación de si un prosista o poeta aventaja por un cuerpo a un colega ensayista. Recién el tiempo verificará nuestros libros. Conocemos autores célebres que hoy ya están olvidados. ¿Por qué sucede? Es difícil decirlo. Les pasa incluso a los premios Nobel.
-¿Y qué es lo más importante?
-Lo más importante es el sentido de la vida. Y la consciencia de que lograremos realizar alguno de nuestros sueños, que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de inventar la bombita eléctrica y ser Edison. Y quizá el amor, que está por encima de todo.
-Como lo dice en
Amor
Ninguna aclaración. Referencia.
Nota al pie. Consigna.
Libación de vides silenciosas.
Todo depende
de cuánto
estaremos siempre.
-Durante el régimen comunista usted escribía poesía de denuncia: sobre la patria artificial o la lengua artificial. ¿De nuevo tiene ganas de escribir una poesía claramente participativa de la realidad social?
-Ya veo un cortejo de poemas con banderas, con lemas. Creo que mis poemas tocan la realidad, pero no participan de la “realidad social”. Y no lo ambicionan. Por eso quizá sigan siendo leídos dentro de cinco, cincuenta o quinientos años.
-Porque se trata de la palabra, la palabra dicha y compartida
Se trata de
Se trata de
saber
si de los labios todavía brotan
palabras palabras palabras
o si sólo es una fuente de piedra
de la que resbala una hoja.
“E.L”- Chodzi o to
Chodzi o to
by wiedziec
czy z ust wydobywaja sie jeszcze
slowa slowa slowa
czy tylko kamienna fontanna
z której zsuwa sie lisc.
*Realizado en base a un reportaje de Jaroslaw Mikolajewski en www.wydawnictwoliterackie.pl La mayor parte de las preguntas y respuestas son textuales.
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