| |
REPORTAJE APÓCRIFO A HALINA POSWIATOWSKA
Texto de Bárbara Gil
Periodista- Buenas tardes, ¿usted de verdad es…?
Halina Poswiatowska- (Se ríe) Sí, de verdad soy Halina Poswiatowska, no soy un fantasma, aunque mis biógrafos digan que estoy muerta desde 1967.
Disculpe, pero es lo más insólito que me ha pasado en la vida…
Eso le pasa por andar detrás de poetas. ¿O acaso no sabe que las leyes naturales no tienen nada que ver con la poesía? Y en mi caso, menos que menos.
¿Porque usted estuvo al borde de la muerte muchas veces?
(Se ríe) ¿Al borde? Cada día, cada minuto de mi vida, cada exhalación de aire podía ser la última. La muerte se convirtió en mi hermana, una hermana tan poderosa como su gemela: la vida. Estuve tantas veces de un lado y del otro, en brazos de una o de la otra, que ahora sigo igual. A veces me distraigo un poco y me quedo más con una que con la otra, pero son ratos nomás…
Usted enfermó a los diez años, en 1945, pero pasó prácticamente su infancia en medio del horror de la guerra.
Es cierto, tuvimos que huir de Czestochowa, mi ciudad natal, cuando yo tenía cuatro años. Tratábamos de llegar a alguna parte más tranquila, pero el camino era un sinfín de aviones y bombas. Mi mamá me cubría con su cuerpo, me tapaba la cabeza con una frazada. Temblábamos, temblábamos todos los fugitivos…
Y al terminar la guerra, justo cuando de su ciudad huía el último nazi, usted contrajo una angina que terminó dañando su corazón...
Así es. Estuve en cama seis meses. Leí centenares de libros, mi imaginación y avidez de información parecían no tener límites. Se imaginará cómo influiría eso sobre mí. Podría haberme deprimido, entregado. Podría haberme levantado furiosa o amargada. Pero yo decidí que viviría con toda la consciencia de la maravilla que es la vida, con toda la intensidad que podría. Y eso hice.
Los libros le habrán sustituido las amistades, porque casi no pudo concurrir ni a la escuela primaria, ni a la secundaria.
Sí, fueron períodos muy breves. Estudiaba en casa, pero no me molestaba en absoluto, y a pesar de que tuve que olvidarme de correr o siquiera caminar demasiado, no lo pasé mal.
Y apenas adolescente, a los 19 años se casó con otro enfermo del corazón.
¡Pero antes Adam y yo tuvimos que lograr la aprobación de mis padres y de un montón de cardiólogos! Todos opinaban, pero de todos modos sabían que yo haría mi voluntad, o sea, me casaría. Adam me regaló dos años de un hermoso amor, ambos bailando sobre el Titanic de nuestras vidas. Quedé viuda a los 21.
Y ese mismo año, 1956, publicó por primera vez y conoció a otro literato, Ireneusz Morawski.
¡Ah!, ¿le interesan mis romances? Sabrá que Ireneusz no fue el único. Puedo decir que viví el amor y el deseo tan intensamente como todos los otros aspectos de mi vida. Me di el permiso de expresar lo que quería, y a quién quería.
Precisamente el amor esla constante de su poesía.
El amor y la muerte, como vivencias y como reflexión. No olvide que soy licenciada en Filosofía…
Es admirable que entre tantas internaciones, operación en Estados Unidos, convalescencias y recaídas haya tenido fuerzas como para estudiar, y una carrera nada fácil.
Tenía ganas, y eso me suplía las fuerzas. Y como siempre, podía contar con el apoyo incondicional de mi madre: mi impulsora, protectora, agente literaria, acompañante, todo lo que una persona puede hacer por otra. Yo sólo tenía que ocuparme de hacer lo que tuviera ganas, del resto se ocupaba ella.
También hubo otras personas, además de su médico, hubo decenas de personas que juntaron el dinero de su operación en estados Unidos. 10 mil dólares, más el pasaje y la estadía no era poco en 1958.
Ese tema llevó más de un año y pocos creyeron que yo llegaría a vivir tanto… ¡Pero claro que sí!
Y no sólo se operó, y fue la primera paciente del mundo a la que se hizo ese tipo de intervención, sino que se quedó dos años y estudió en el Smith College y en la Columbia University.
No sólo, también me divertí mucho, hice amigos de todos los rincones del planeta, viajé por los Estados Unidos –inmenso y bello país-.
Hasta que de repente decidió volver a Polonia, a pesar de que varias Universidades estadounidenses le ofrecían becas para quedarse y seguir estudiando.
Preferí hacerlo en mi país. Estar de visita es lindo, pero hogar es el hogar. Extrañaba. así de simple.
En Polonia estuvo muy activa: la Universidad Jagellónica, la tesis, la publicación de sus poemas… además de sus amigos.
Tenía que apurarme si quería hacer algo y no quería perderme nada. Muchas personas sabían de mi condición, yo era bastante conocida. Esas personas se sorprendían al verme y casi me reprochaban que en vez de ver a una ojerosa plañidera, vieran a una mujer bella, maquillada, bien vestida, riéndose a carcajadas y frontal hasta el escándalo.
Seguramente era muy conocida, la habrán visto o conocido centenares o miles de personas. Durante esos años casi no paró de viajar por toda Polonia, sola, con su madre y hermana, con amigas, con amigos…
No sólo por Polonia, estuve en Yugoslavia con mi amiga Caroline, que venía regularmente de Estados Unidos para seguir nuestra amistad no sólo por carta. Además de mi obstinación por ir a Francia, cosa que conseguí, por supuesto, aunque a costa de mil dificultades. Finalmente recibí la invitación y una beca del gobierno francés ¡y allí me fui!
Pero cuando volvió ya casi no pudo seguir dando clases en la Universidad, su salud se deterioraba cada vez más…
¡Oh, sí!, pero no me gusta recordarlo. En resumen, acepté operarme porque era lo único que podía hacer, aun sabiendo que no me recuperaría.
Y llegó el 11 de octubre de 1967…
Seeeeeeee, pero di la nota incluso en mi funeral. ¿Conoce la anécdota? Un grupo de escritores y poetas amigos estaba yendo “para darme el último adiós”, chocaron con el auto, que quedó estropeado, dos fueron a dar al hospital y casi casi nos encontramos, y Wislawa Szymborska, queridísima amiga, se rompió un diente, pero igual se trepó a un taxi y llegó a tiempo. Supongo que después Wislawa se habrá reído con todas las ganas.
http://etyka.opoka.org.pl/biblioteka/P/PK/nierozwazna.html |
|