REPORTAJE APÓCRIFO A WISLAWA SZYMBORSKA
Texto y traducción de poemas de Bárbara Gill
Periodista- Comenzamos un viaje.
Para la imaginación todo es tan veloz...
Ya tenemos a la vista un país por donde pasa el centro geográfico de Europa, un pequeño país de forma casi cuadrada, con poderosos vecinos alrededor, con el río Vístula que la recorre desde el sur, desde las cumbres de los Tatras, para desaguar en el tormentoso Báltico, en el norte. Es Polonia, un país de bosques y praderas, de gente amable y amante de la belleza, con una historia llena de desgarramientos y dolor.
Y ya en Polonia buscamos la ciudad de Cracovia... no, no, más al sur... sí, por ahí, cerca de la República Checa...
Y en esta ciudad medieval, donde parece no haber lugar sino para la cultura, buscamos una calle... sí, es ésta... y allí está ese edificio de pocos pisos. Subimos hasta el segundo. La puerta. El timbre. ¿Justo ahora nos fallará el coraje? Pero es que no le vamos a tocar el timbre a cualquiera, detrás de esa puerta vive Wislawa Szymborska, en ese departamento escribe la Premio Nobel de Literatura de 1996, le estamos tocando el timbre a la poesía...
Buenas tardes, ¿Wislawa Szymborska?
“Wislawa Szymborska”-Sí, desde hace más de ochenta años...porque,
Soy quien soy.
Incomprensible accidente
como todo accidente.
Pude haber sido alguien
mucho menos individual.
Alguien de marea, hormiguero, enjambre zumbador,
partícula del paisaje zarandeada por el viento.
Alguien mucho menos feliz,
criado para ser abrigo de piel,
para la mesa de festejo,
algo que nada bajo la platina.
El destino hasta ahora se mostró
benevolente conmigo.
Podría no haberme sido concedida
la memoria de los buenos momentos.
Podría haberme sido negada
la tendencia a comparar.
Podría haber sido yo misma, pero sin asombro,
y eso hubiera significado
alguien completamente distinta.
-Por suerte parta todos los que amamos su poesía, usted es quién y cómo es...
-No me abochorne, por favor, ya es bastante embarazoso pensar que usted viene desde un país tan lejano y distinto como la Argentina para hablar conmigo...
-El país es lejano y distinto, pero los espíritus humanos se hermanan más allá de cualquier frontera, e incluso tiempo.
-Estoy de acuerdo, yo me sentí más cercana a Swift –sí, el de los viajes de Gulliver- que a... bueno, a algún contemporáneo.
-¿Usted no pertenece a alguna escuela o corriente de poesía?
-(Se ríe) No, nunca sentí tanta identificación, como prueba, puedo recitarle mi epitafio. No me mire con esa cara, lo escribí para algún futuro que imagino no muy próximo, pero siempre es preferible una opinión propia que contar con la de algún “amigo”:
Aquí yace anticuada como el terno
la autora de algunos versos. Descanso eterno
tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que el obituario
no la adscribía a ningún grupo literario.
Tampoco hay nada mejor para el monumento,
salvo la bardana, una lechuza y este rimado lacónico.
Caminante, saca del maletín el cerebro electrónico
y sobre el destino de la Szymborska medita un momento.
No estoy en contra de escuelas, corrientes o tendencias, simplemente, yo no me identifico con ninguna, pero eso sí, yo SOY una poeta, eso es y ha sido muy claro para mí desde que comencé a escribir, aunque siempre permanece el MIEDO ESCÉNICO:
Poetas y escritores.
Porque es así como se dice.
Los poetas entonces no son escritores, sino qué.
Al poeta la poesía, al escritor la prosa.
En la prosa puede haber de todo, hasta poesía,
en la poesía tiene que haber sólo poesía.
Según el cartel que la anuncia
con una enorme P de trazos modernistas,
inscrita en las cuerdas de una lira alada,
tendría yo que volar y no entrar caminando.
¿Y no sería mejor descalza
que con estos zapatos de oferta,
sustituyendo torpemente a un ángel
entre taconeo y rechinado?
Si al menos fuera más larga mi falda, con más vuelo,
y si no sacara yo los poemas del bolso sino de la manga,
fiesta, desfile, gran ocasión,
pim pam pum,
ab ab ba.
Allá en el escenario acecha una mesita
un tanto espiritista y de patas doradas,
y sobre la mesita humea un candelabro.
De eso se deduce
que tendré que leer a la luz de las velas
lo que escribí a la luz de una simple bombita
tac tac tac a máquina.
Sin preocuparme de antemano
si esto es poesía
y qué poesía,
si de esa en la que la prosa está mal vista,
si de esa que es bien vista en prosa.
Pero cuál es la diferencia,
si sólo se aprecia en la penumbra
sobre un fondo de cortinas rojas
con flecos morados.
-Indudablemente usted ha reflexionado sobre la poesía, la escritura... la palabra, en una palabra. (Se ríen las dos)
-Se dará cuenta que he tenido aaaaaañooooos para hacerlo... y la compañía de poetas como Horacio.
-Es cierto, usted siempre tiene presente a Horacio...¿Pero qué quiso decir exactamente con este poema?¿Qué significa para usted?
-¡Ay, no, mi querida!, esto no se le hace a una poeta. Si yo me pusiera a explicar el sentido oculto de lo que escribo, me sentiría como una mariposa que entra volando por la ventana, va derechito a la vitrina y se ensarta en un alfiler. Me da mucha gracia cuando me atribuyen tal o cual intención o virtud. Algunas veces me ha servido para conocer algo de mí misma; otras, para conocer algo del crítico...
-Bueno, entiendo, pero ¿cómo se le ocurren, cómo comienza a crearlos?
-A ver, querida, ¿cómo se le ocurre ese color blanco? Sí, sí, el de la pared.
-No... no se me ocurre, lo veo, nada más.
-¿Vio qué simple? A mí no se me ocurre nada, yo veo, como cualquiera; la diferencia está en que lo escribo. Escribo lo que veo, estrictamente y supongo que si otros me entienden, es que pueden ver del mismo modo.
-Sí, por supuesto que es así. Su poema “El negativo”, por ejemplo, a mí me hace pensar en un ojo deslumbrado por el sol...
-¿”El negativo”? No lo recuerdo bien...
-Sobre el cielo pardo
la nubecita más parda todavía
con reborde negro de sol.
A la izquierda, o sea a la derecha,
una rama de cerezo blanca con flores negras.
Sobre tu rostro oscuro, sombras claras.
Te acomodaste junto a la mesita
y apoyaste sobre ella las manos agrisadas.
Parecés un espíritu,
que intenta convocar a los vivos.
(Puesto que todavía me cuento entre ellos,
debiera aparecérmele y golpetear:
buenas noches, o sea, buen día,
adiós, o sea, bienvenido.
Y no mezquinarle preguntas a ninguna respuesta,
si corresponden a la vida,
o sea, a la tormenta antes del silencio.)
-¿Me disculpa? Voy a preparar té...
-Por favor, no se moleste, yo...
-No es ninguna molestia, un poco de agua, un poco de té y dos tazas; no crea que la voy a convidar con cuatro tortas, bizcochitos y mermeladas caseras. No, la que cocina –y como los dioses- es mi hermana, yo sólo escribo. Es más, soy la única de la familia que escribe...bueno, se dará cuenta de que toda familia merece tener un “diferente”... permítame.
-¿Qué fue el Premio Nobel para usted?
-Un fastidio.
-Perdón, ¿dijo fastidio?
-Sí, un completo fastidio, una única oportunidad y con consecuencias que siguen y siguen... Me habían propuesto el año anterior y no me lo dieron, así es que en el 96 pensé que pasaría lo mismo, además hacía poco se lo habían dado a otro poeta polaco, Czeslaw Milosz, así es que había muy pocas probabilidades. De todos modos y por las dudas, me fui a las montañas, a mi amado Zakopane y anduve trepando cerros y jugando al bridge con amigos... y ahí me enteré. Y ahí comenzó el fastidio –porque los periodistas me encontraron-: responder preguntas, emitir opiniones, sonreír para las fotos. ¡Ufff!, no quiero recordarlo. Después vinieron todas las controversias: que dónde nací, que por qué estuve en el partido comunista, que por qué me fui del partido, que si era panteísta o ecologista... y todavía me faltaba algo más: el viaje.
-¿El viaje para recibir el premio?
-Sí, yo detesto viajar, pero no porque me disguste conocer otros paisajes o culturas, por el contrario; pero lo que me aterra, me cansa y evito como la peste son los trámites –odio la burocracia- y todo eso del pasaporte, los sellos, las aduanas, el aeropuerto, el mostrador tal y la puerta cual... no, realmente me supera. Quizá por eso, porque no me gusta viajar es que colecciono postales, y hasta las dibujo.
-¿Usted dibuja?
-Sí, y el dibujo, la ilustración fue mi primer contacto con las editoriales. Ilustré un manual de inglés para unos cursos clandestinos durante la guerra, por ejemplo. También escribí canciones... claro, era muy joven y durante la guerra, de algo había que vivir.
-¿Canciones de amor?
-(Se ríe) No, por favor, de eso siempre hubo mucho, las mías eran modestas pero divertidas, y algo atrevidas... considerando la época, claro.
-Usted dice que detesta viajar, pero viaja con su poesía y llega hasta lugares remotos y también hace viajar a sus lectores. En su libro “Llamada al Yeti” incluye un lugar como la Atlántida:
Existieron o no existieron.
En una isla o no en una isla.
Un océano o no un océano
los tragó o no.
Cayó un meteoro.
No era un meteoro.
Un volcán entró en erupción,
no era un volcán.
Alguien gritó algo.
Noche. Nada.
Era ésa más o menos la Atlántida.
-Da igual si la Atlántida haya existido o no, es muy rentable, no sólo desde el punto de vista científico. También psicológicamente. Es necesaria como un dejercicio de imaginación. No vale la pena vivir desgastando toda nuestra imaginación en temas prácticos.
-Ese libro, “Llamada al Yeti”, es de 1956 y tuvo un gran impacto sobre la juventud de esa época por el significado, ¿cómo decirlo?, “opalescente” de ese poema...El Yeti nunca aparece en el poema “De una expedición no realizada al Himalaya”, ¿por qué?
-Porque justamente se trata de una parodia sobre la manera de entablar contacto con pueblos exóticos o con supuestos visitantes del cosmos.
Yeti, allá abajo es miércoles
pan y abecedario
Dos más dos son cuatro
Las rosas son rojas
Y las violetas...
Heredamos la esperanza
el don del olvido.
Verás cómo parimos
hijos sobre las ruinas.
En realidad es una existencia individual que desde Cracovia piensa sobre una existencia individual que vive en las antípodas.
-Y así se producen las coincidencias, los encuentros...
-Estoy convencida de que es así.
-Si me permite, podría mostrarle una de estas coincidencias con una poeta de las antípodas. Su poesía resuena en la de Diana Bellessi, que es argentina....
-¡Ah!, con gusto, con gusto.
-Trébol de cuatro hojas
La mano barre y el ojo
busca en cuclillas. ¿Ha
perdido la paciencia? o
ya no se encuentran tréboles
de la suerte. Cuatro hojas,
tributo del diferente
o error de naturaleza
Tan deseado y tan temido
otro, la niñez lo daba
fácil
¿Cuánto hace que encontré
el último? Mucho. Baila
la frase en el ocho, duplo
de las cuatro hojitas de oro
pero el monstruo no aparece
¿Será la tierra o acaso
la ingeniería genética?
Si mandara al no buscar
vendría pronto la suerte,
ágil
como un gamito o una pulga
que viene sin ser llamada,
la infancia más acto y menos
pensamiento, ¡mirá eso!:
verla correr si que es
un obsequio de la tarde,
allí va Talita Kumi,
salta y brinca entre los tréboles
que acaricio con la mano,
más
abstractos son ahora los
designios porque todo
lo viviente es una magia
¡gracias!, sea tonta o sea
sabia. Quién, si la muerte
no estuviera a pocos pasos
vería esta belleza
sabiendo es toda suerte
de los días luminosos,
trébol
aún de tres yo te consagro.
-Me da alegría encontrar estas coincidencias, me reafirma en mis convicciones.
-Habitualmente usted incluye en sus poemas informaciones importantes y otras poco relevantes, pero las preguntas fundamentales acerca de si es posible contactarse con el otro, el ajeno, lo misterioso, no recibe respuestas concretas.
-Porque yo no ofrezco respuestas obvias y mis reflexiones no sirven para consolar a nadie ni darle seguridades.
-Sin embargo, ¿qué le gustaría transmitir a un personaje mítico, a algún pariente del hombre, quizá a un antepasado suyo que no sabe si existió?
-Mhmmm... déjeme pensar: podría transmitirle mis dudas, mis interrogantes, mis asombros y mi alegría por sentirme viva en esta tierra, tal cual. Porque la vida bien puede ser un BAILE DE GALA, aun en harapos y con instrumentos desafinados.
Hasta que no se sepa algo seguro,
porque faltan señales, que no han llegado,
hasta que la Tierra todavía no sea
como los planetas más cercanos o lejanos,
hasta que nada de ná
sobre otras hierbas honradas por el viento,
o sobre otros árboles coronados,
otros animales legitimados como nuestros,
hasta que no haya eco, además del autóctono,
capaz de hablar en sílabas,
hasta que nada de noticias,
en alguna parte sobre algunos
mejores o peores mozarts,
platones o edisones,
hasta que nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,
hasta que nuestra bondad
no se parezca a la de nadie
y sea excepcional incluso en la imperfección,
hasta que nuestras cabezas llenas de quimeras
sigan pasando por ser las únicas cabezas llenas de qumeras,
hasta que sólo de nuestros paladares
se remonten gritos pelados-
sintámonos en esta cochera unos invitados
exclusivos y distinguidos,
bailemos al compás de la banda municipal
y que nos parezca
que es la gala entre las galas.
No sé a otro-
a mí por completo me alcanza
para ser feliz o infeliz:
un suburbio insignificante,
donde las estrellas dicen buenas noches
y titilan
sin sentido.
-Bueno, finalmente se sobrepuso y fue a Estocolomo...
-Sí, hubiera sido una grosería no ir, ¿no le parece? Y para colmo se esperaba que dijera un discurso, y que fuera inteligente y conceptuoso... Bueno, yo escribí lo que pensaba, algo así como un manifiesto de mis creencias, de mis valores, de mis esperanzas. En realidad, siempre escribo YO, no sé escribir desde otro punto de vista.
Acompáñeme a la cocina, aunque yo no sea una exquisita como mi hermana, tengo que picar unas cebollas para hacer un klops, ¿pan de carne en castellano?, porque esta noche vienen amigos. Bueno, no ponga esa cara, los poetas no viven sólo de poesía, néctar y ambrosía, la cebolla también tiene su lugar, tanto como el alma, porque:
Suele tenerse alma.
Nadie la tiene todo el tiempo
y para siempre.
Día tras día,
año tras año,
pueden deslizarse sin ella.
A veces sólo en los éxtasis
y temores de la infancia
anida más largamente.
A veces sólo en el asombro
de que estamos viejos.
Rara vez nos asiste
en las tareas tediosas,
como correr los muebles,
cargar valijas
o transitar caminos con zapatos que aprietan.
Cuando completamos encuestas
o picamos carne,
por regla general, está de franco.
Sobre miles de nuestras conversaciones
participa de una,
y no necesariamente,
porque prefiere el silencio.
Cuando el cuerpo comienza a doler y doler,
calladita abandona la guardia.
Es melindrosa:
no le gusta vernos en la multitud,
le repugna nuestra lucha por cualquier ventaja
y el fragor de los negocios.
Alegría y tristeza
no son para ella sentimientos diferentes.
Sólo cuando se unen
se presenta y está con nosotros.
Podemos contar con ella,
cuando de nada estamos seguros,
pero curiosos por todo.
De los objetos materiales,
le gustan los relojes de péndulo
y los espejos, que trabajan fervorosos
incluso cuando nadie los mira.
No dice de dónde viene
y cuándo volverá a desaparecer,
pero es evidente que espera
preguntas como ésas.
Parecería que,
tal como nosotros a ella,
también ella
nos necesita para algo.
-Usted viaja con frecuencia a Zakopane, a las montañas donde vivió en su infancia. Cuando estuve en Polonia, hace unos años, la estuve buscando bastante, le pregunté a los vecinos. Me dijeron que cuando usted va, lo hace en silencio, no se hace notar, pero que en ese momento seguramente estaría en su casa, en Cracovia. Esta vez tuve la suerte de encontrarla. Es raro que una persona tan amante de la naturaleza viva en una ciudad como Cracovia, y en un departamento...
-¿Le parece? Hace tanto que vivo acá... hago mis escapadas de fin de semana al campo, al río, mis vacaciones en Zakopane. Además, ¿por qué haría falta el exceso, la demasía? La naturaleza está entera y completa en una hoja, en un pétalo, ¿para qué más? Ciertamente, hace un tiempo vivía aquí mismo pero como en un hermoso nido vegetal. Aquí, debajo y junto a mi balcón se extendía la copa de un bellísimo árbol; él me daba noticia de las estaciones del año, era la ciudad para muchos pájaros, era el descanso para mis ojos. Un domingo al anochecer, volviendo de una excursión, vi que lo habían matado. Lo derribaron de la peor manera, dejaron como testigo un muñón que parecía clamar por justicia... No, eso no se le hace a una poeta... Yo necesito respetar todo lo que me rodea, porque sé que todo tiene su vida, su modo de ser y estar.
-EL SILENCIO DE LAS PLANTAS
El conocimiento unidireccional entre ustedes y yo
se desarrolla bastante bien.
Sé qué son, hojita, petalito, espiga, piña, tallo,
y qué les sucede en abril, y qué en diciembre.
Tienen nombres para mí:
arce, bardana, anémona silvestre,
brezo, enebro, muérdago, nomeolvides,
y yo ninguno para ustedes.
La misma estrella nos tiene a su alcance.
Arrojamos sombras bajo las mismas leyes.
Intentamos saber algo, cada uno a su manera,
y aquello que no sabemos, también es parecido.
Les aclararé, como pueda, sólo pregunten:
cómo es eso de mirar con ojos,
para qué late mi corazón
y por qué mi cuerpo no se enraíza.
La conversación con ustedes
es imprescindible e imposible.
Urgente en la vida apurada
y aplazada para nunca.
Creo que es uno de esos poemas que la reflejan tan bien...
-Cada poema es un reflejo, un pedacito, una partecita de quién soy, cómo miro y cómo vivo. Vivo en esta época, desde luego, y me maravillo con lo que sucede, con la llegada humana a la luna, con la internet, con los vertiginosos cambios en todo el planeta; sin embargo, no olvido de dónde venimos y qué hemos pensado. La historia, la filosofía... la historia no sólo polaca, de la cual provengo, pero de la antigua también, porque también de ella provengo. Soy hija de esta tierra y de esta historia, pero también de la historia clásica, de la griega y de su filosofía, que nos modeló y nos modela la mente, la forma de pensar a todos los occidentales. No puedo ni quiero desprenderme de eso, SOY eso. Soy eso y lo observo, lo cuestiono, trato de profundizarlo. Tomemos como ejemplo la matemática –en apariencia tan lejana de la poesía-, sin embargo, mirada más de cerca, es su hermana, porque tienen en común la misma madre, la filosofía.
-¿Por eso usted tiene más de un poema con referencias matemáticas?
-Sí, pero son referencias filosóficas, puramente filosófico-poéticas.
-Como su muy conocido “El número Pi”
-Exactamente. Porque, dígame, ¿hay algo más misterioso, más poético – o sea creador- que este número infinito, creado por el hombre, que es finito?
El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno
todas sus cifras siguientes tambien son iniciales
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco
con un cálculo ocho nueve
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
ocho cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe.
Igualmente, aunque un poco más tarde, lo hacen las serpientes fabulosas
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
¡Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!
¡Qué frágil el rayo de la estrella que se curva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de télefono la talla de tu camisa
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
número de habitantes sesenta y cinco centavos
la medida de la cadera dos dedos la charada y el código
en el que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo
también transcurren la tierra y el cielo
pero no el número Pi, éste no,
el es todavía un buen cinco
no es un ocho cualquiera
ni el último siete
apurando, oh, apurando a la perezosa eternidad
para la permanencia.
-O su “Factores para la estadística”, que aparece en su libro “Momento”, de 2002 :
Sobre cien personas
las que saben todo mejor
-cincuenta y dos;
inseguras de cada paso
-casi todo el resto;
dispuestas a ayudar,
siempre que no vaya para largo
-¡hasta cuarenta y nueve!;
siempre buenas,
porque no son capaces de otra cosa
-cuatro, bueno, quizá cinco;
que pueden admirar sin envidia
-dieciocho;
que viven en permanente temor
de alguien o algo
-setenta y siete;
capaces de ser felices
-veintipico, como mucho;
inofensivas de a uno,
salvajes en multitudes
-más de la mitad, seguro;
crueles,
cuando las obligan las circunstancias
-es mejor no saberlo
ni siquiera por aproximación;
sabias después de una calamidad
-pocas más
que sabias antes de la calamidad;
que no toman de la vida más que las cosas
-cuarenta,
aunque quisiera equivocarme;
encogidas, doloridas
y sin linterna en la oscuridad
-ochenta y tres,
más temprano o más tarde;
dignas de compasión
-noventa y nueve;
mortales
-cien sobre cien.
Número que por ahora no ha variado.
La historia, la antropología, la naturaleza, la filosofía... usted ha reflexionado y escrito sobre todas ellas, pero también leímos sus poemas de amor.
-¿Usted puede imaginar la vida sin amor? Y no me refiero sólo al amor erótico, pero lo incluyo... La esencia de la vida, su motor y motivo no puede ser otro que el amor. En mi obra quizá se reflejen distintas formas del amor, pero no le quepa duda de que lo que me mueve es el amor.
-Yo me refería al erótico...
-Como toda persona del planeta amé y he sido amada, por lo tanto, la erótica no podía estar ausente en mis palabras.
-¿Sufrió por amor?
-Tanto como cualquiera...
-¿Fue dichosa en el amor?
-Tanto como cualquiera...
-Con la diferencia de que sus vivencias están impresas.
-(Se ríe) Sí, claro que sí, pero sin la intención de que sean ejemplo para nadie; cada experiencia es es-tric-ta-men-te individual.
-Pero podemmos identificarnos con “Estoy demasiado cerca”, por ejemplo...
Estoy demasiado cerca para que me sueñe.
No revoloteo sobre él, no le huyo
bajo las raíces de los árboles. Estoy demasiado cerca.
No canta con mi voz el pescado en la red.
No es mi dedo del que se desliza el anillo.
Estoy demasiado cerca. Una gran casa se incendia
sin mí pidiendo socorro. Demasiado cerca
para que suspendida de un cabello mío suene una campana.
Demasiado cerca, para poder entrar como una invitada
delante de la que se abren las paredes.
Ya nunca moriré otra vez tan levemente,
tan más allá del cuerpo, tan inconsciente,
como alguna vez en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo un siseo
y veo la escama reluciente de esa palabra,
inmovilizada en el abrazo. Él duerme,
en este momento más cercano a la cajera
de un circo ambulante con un solo león,
que vio una sola vez, que a mí que estoy tendida a su lado.
Ahora es para ella que crece en él el valle
hojirrojizo, la nevada montaña cerrada
en el aire azulino. Yo estoy demasiado cerca
para caer sobre él desde el cielo. Mi grito
sólo podría despertarlo. Soy pobre,
limitada a mi propia apariencia,
pero fui abedul, fui lagartija,
salía de los tiempos y los atlas
tornasolada en colores de piel. Y tuve
la varita de desaparecer delante de ojos atónitos,
lo que es la fortuna de las fortunas. Estoy cerca,
demasiado cerca para que me sueñe.
saco el hombro debajo de la cabeza del durmiente,
entumecido, lleno de alfileres imaginarios.
Sobre la cabeza de cada uno, para que pueda contarlos,
se sentaron los ángeles condenados.
-¿Usted conoce a alguna mujer que no lo haya pensado?
-No me atrevo a generalizar ni a ser indiscreta... pero de lo que estoy segura es de los tópicos “eternos” del amor de dos, como el amor a primera vista.
-(Se ríe) ¡Ah, sí!, pero no negará que el amor a primera vista ha sido taaaaaaan distinto en cada época. Para mí también existió, o me lo imaginé, o lo vi en mis amigos... el amor a primera vista –o no- tiene que ver con dos, son dos miradas que confluyen y
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quzá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “disculpe”
o el sonido de “número equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
Una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Valija, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido de inmediato después del despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto por la mitad.
-Creo que hay muchos mitos, muchos estereotipos sobre el amor y que se han transformado en tópicos literarios o pictóricos y que los mortales comunes y corrientes buscamos cumplir. Sin lograrlo, claro está... porque son idealizaciones.
-Ajá, somos casi esclavos del amor romántico, no nos atrevemos a verlo y vivirlo de otro modo. A lo mejor, con los años, si traen alguna sabiduría, nos damos cuenta de que el amor es mucho más que el amor romántico, tiene manifestaciones muy diferentes y quizá por perseguir tanto este amor romántico nos privamos de vivir muchos otros amores.
-En el amor romántico hay un tópico recurrente: el primer amor.
-¡Oh!, no me hable del primer amor. Conozco algunos pocos casos donde quizá pueda haber sido cierto, pero en la mayoría...
-Sí, y usted le dedicó un poema bastante “realista”, pero con un golpe de sabiduría:
Dicen,
que el primer amor es
el más importante.
Es muy romántico,
pero no es mi caso.
Entre nosotros algo
hubo y no hubo,
se consumó y se consumió.
No me tiemblan las manos
cuando rozo minúsculos recuerdos
o el rollito de cartas atado con piolín
-ni siquiera con cintita.
Nuestro único encuentro
después de años,
una conversación entre dos sillas
junto a una mesita fría.
Otros amores
siguen respirando en mi profundidad.
A éste le falta aliento
para un suspiro.
Y sin embargo, justamente éste,
tal cual es,
puede lo que aquéllos no pueden todavía:
no recordado,
no soñado siquiera,
me amansa con la muerte.
-Y sí, así lo veo yo...
-¡Oh, se ha hecho tardísimo! Disculpe, le robé tanto tiempo...
-No diga eso, no me robó ningún tiempo, lo compartimos, y con mucho placer de mi parte. Sin quererlo o sí, usted me ha paseado por mi poesía, me ha hecho recordar no sólo lo que escribí alguna vez, sino lo que viví. Se lo agradezco, ha sido una ocasión única, irrepetible, pero ya inscripta en nuestras vidas.
-Le agradezco, sus palabras, sus poemas, su generosidad. Estoy de acuerdo con usted, este tiempo compartido ya forma parte de mi vida y también de la suya, porque nada sucede dos veces.
Nada sucede dos veces
ni sucederá, por eso
sin experiencia nacemos
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo los alumnos más torpes
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No hay día que pueda volver,
no hay dos noches parecidas,
dos besos iguales,
el mismo mirar a los ojos.
Ayer mientras tu nombre
alguien pronunció en voz alta
para mí fue como si una rosa
cayera por la ventana.
Hoy, que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia la pared.
¿La rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es una flor?¿O quizá una piedra?
Decime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclás.
sos y por eso debés pasar.
Pasarás, y eso es bello.
Sonrientes, medio abrazados,
intentaremos buscar entendernos,
aunque somos diferentes
cual dos gotas de agua pura.
-Nic dwa razy
Nic dwa razy si? nie zdarza
i nie zdarzy. Z tej przyczyny
zrodzili?my si? bez wprawy
i pomrzemy bez rutyny.
Cho?by?my uczniami byli
najt?pszymi w szkole ?wiata,
nie b?dziemy repetowa?
?adnej zimy ani lata.
?aden dzie? si? nie powtórzy,
nie ma dwóch podobnych nocy,
dwóch tych samych poca?unków,
dwóch jednakich spojrze? w oczy.
Wczoraj, kiedy twoje imi?
kto? wymówi? przy mnie g?o?no,
tak mi by?o, jakby ró?a
przez otwarte wpad?a okno.
Dzi?, kiedy jeste?my razem,
odwróci?am twarz ku ?cianie.
Ró?a? Jak wygl?da ró?a?
Czy to kwiat? A mo?e kamie??
Czemu ty si?, z?a godzino,
z niepotrzebnym mieszasz l?kiem?
Jeste? - a wi?c musisz min??.
Miniesz - a wi?c to jest pi?kne.
U?miechni?ci, wspó?obj?ci
spróbujemy szuka? zgody,
cho? ró?nimy si? od siebie
jak dwie krople czystej wody. |